Lo dije ayer: todo, absolutamente todo es ficción y nada más que ficción.
"Una semana antes.
La cafetería de siempre donde habían pasado tantas mañanas, tardes y alguna noche. Un lugar donde se despachaban cafés, cervezas y... “camisas limpias”.
Ése no era el nombre de ningún cocktail, sino la expresión que usaba el dueño del local para hacer saber a la parroquia que tenía mercancía para vender, como si se tratase de anunciar percebes frescos.
Sólo que no eran percebes, sino papelinas de coca. Y a saber que más.
Aquel (el de las camisas) era un negocio al que el dueño del local a quien llamaremos X -un tipo de aparienda mundana, homosexual y encantador al que por otra parte jamás quisiera tener como enemigo- nos había intentado arrastrar en más de una ocasión sin éxito.
Incluso nos había usado alguna vez como “guardaespaldas” cuando se había sentido intimidado por alguna transacción complicada. Quizás suponía que si las cosas se ponían feas nos atizarían a nosotros mientras él salía del bar. Se cuidaba muy mucho de avisarnos (no fuera a ser que saliéramos corriendo), sencillamente nos pedía entrar en la trastienda con cualquier excusa peregrina. En aquel reducido recinto pudimos en una ocasión asistir a una auténtica reunión de personas respetables (había hasta un guardia urbano) que trataban serios asuntos relacionados con el mundo textil entre los que se incluían, evidentemente, las “camisas limpias”.
El porqué seguíamos frecuentando aquel local es uno de esos misterios que sólo se resuelve cuando mezclas juventud e inconsciencia con un punto de atracción por lo prohibido.
Hacía tiempo que X había desistido de sus intentos de hacer de nosotros el equivalente humano de ese simpático animal que transporta regalos a los niños la noche de Reyes, e incluso había dejado de tirarle los tejos a Q, por lo que seguíamos quedando en esa cafetería, incluso entonces, que ya no vivíamos cerca, más por costumbre que por amor al peligro.
Q, como cada mañana a esas horas, me había llamado como siempre decía "para tomar café", eufemismo, al menos, que no lo era por mi parte.
Me sentía irremisiblemente atraído allí por una confusa mezcla de emociones: sabía que lo más sensato era declinar para siempre jamás aquellos encuentros de destrucción personal asegurada, pero no encontraba la forma ni el momento de hacerlo. Creí que verme le ayudaba (aún después de todo lo que me había llegado a hacer y decir, quería ayudarle...¡bendita estupidez!) y yo era consciente de que él no estaba bien, o que estaba peor de lo habitual (lo que me sorprendía era que nadie más parecía darse cuenta).
Quizás (y esta hipótesis no por cierta era menos inquietante para mí) es que yo, sencillamente, también necesitaba mi dosis de veneno...
Lo que no sabía aquella mañana era que la dosis de veneno iba a ser casi mortal.
-Bueno, J. Lo que tengo que decirte...bien es...
-¿Sí?
-No es fácil...
-Bueno, Q, hombre, no será peor que lo que me has estado diciendo hasta ahora.
-Je...
Fué una media sonrisa que más parecía una mueca. No esa sonrisa que le convertía los ojos en dos ranuras y que era la expresión habitual en él que podía significar cualquier cosa cubriendo casi todo el espectro de lo razonable: desde lo mejor hasta lo peor. No, aquella era una mueca. Se le veía inseguro, y en la mesa sólo había un café, lo que deshacía el eufemismo también por su parte. Cosa extraña en él, incluso a aquellas horas de la mañana.
-Bueno, J. Creo que he sido muy injusto contigo todos estos años. Te he tratado mal, muy mal, me doy cuenta.
-¿?
-Tú me lo has dicho muchas veces. Tú tenías razón en todo. Soy un manipulador, manipulo a la gente, a sus sentimientos. Te he herido a propósito. No tengo excusa.
-Eh, no sé que decir...No entiendo porqué me dices esto ahora. Por supuesto me alegro que reconozcas todo esto, pero no acabo de entender que está pasando.
-No le des más vueltas. Por cierto...El otro día... la otra noche, quiero decir... estuvimos hablando con la hermana de N. Ya sabes como es ella, siempre haciéndose la víctima. Pero bueno, igual te ha contado algo, ¿no?
-Pues no, hace días que no hablamos..
-Ya, bueno...
-En fin, ya que no me quieres aclarar nada...¿cómo van las cosas?
-Bien, bien...Oye, hoy no me quedo, ¿vale?. Mejor nos vamos, que tengo trabajo. Ya nos veremos mañana, u otro día.
No iba a ser mañana ni al día siguiente.
-¿Que le dijo...qué?
-Mi hermana está destrozada, no me ha querido explicar nada sobre lo de aquella noche...Tuvo que ser M. que al verla de aquella manera se asustó. Entonces ella le explicó lo que ese malnacido le dijo sobre... eso. Lo hicieron los dos, la parejita. La acorralaron y le soltaron toda la mierda que pudieron encima.
No iba a ser mañana ni al día siguiente. Pasarían varios días. Y esa vez fui yo quien quiso tomar café."
1 comentarios:
me gusta tu forma de narrar las cosas, podrías animarte a escribir un libro, estaria interesante.
P.D. Soy Val, cmabie mi apodo
Publicar un comentario en la entrada