Tranquis todos que, aunque continúo con mi episodio de ficción, estoy trabajando.
"-Dejé de comer. Así de simple. Bien, en realidad no fué tan sencillo, nunca una obsesión sale de la nada, no te levantas un día y dices: “voy a rascarme la sien hasta llegar al cerebro” es un proceso largo, como el crecimiento de una planta, has de plantar la simiente en terreno abonado y luego regarla y esperar a que se desarrolle y finalmente florezca. En mi caso la planta floreció después de lo de Mari Mar.
Había quedado con Q., lo vería como tantas otras veces a las 11 de la mañana y no había conseguido dormir más de 2 horas. El peso de todo lo que debía decirle me hacía sentir incómodo y al mismo tiempo excitado, como a punto de partir de viaje. Y luego estaba el cabreo, claro, el enorme enfado. Y esa pregunta “¿por qué me ha hecho esto?”
N me encontró en el estudio, donde estaba terminando una página. Hacía mucho que, de hecho, ya estaba terminada.
Aquel día, N. llegó tarde al trabajo.
-Mari Mar...¿No fué aquella conocida tuya que se tiró nuestro común amigo, Q?
-Sí, ese fue uno de los motivos que me llevó a autoexiliarme del piso. Era mi casa ¿entiendes? La casa donde crecí. No me gustó nunca, en realidad, pero era mi casa. Mis padres la tenían en alquiler y a Q. lo echaron de donde vivía. Yo le ofrecí alquilar el piso. Mi padre no lo vió claro (¿por qué nunca se le hará caso a los padres, coño?) él había clichado a Q hace tiempo. Finalmente, tuvo razón.
-Lo que no entiendo es porqué te enfadaste tanto si ni siquiera te la habías follado a la tal Mari Mar.
-Joder, ya lo sé, no se trataba de eso. Era algo... que se yo, me hacía ilusión pensar que podría superar la fase de “que majo, es como mi hermanito pequeño” además, yo entonces era gordo.
-Tú nunca has estado gordo, J.
-Ya, que más da, ahora. En fin, tú ya sabes que el muy cabrón atraía el sexo como las moscas, tiene magnetismo, o quizás va soltando feromonas por los sobacos, que se yo...
-A las mujeres nos atraen los carácteres fuertes, si a eso le añades una actitud lastimera que nos haga sentir maternales, ya estamos perdidas.
-Ya lo sé, tú también caíste, N.
-No, yo no caí. Me enchoché de Q, por así decirlo.
-Como tu hermana, como...¡joder, la lista puede abarcar una buena parte de las mujeres y los hombres en esta ciudad!. Lo que más me molesta, lo que de verdad me asusta es pensar que fué el quien te rechazó.
-...Fué un capricho pasajero, se lo dije, le dije que me gustaba, el se portó muy bien, me dijo que no era recíproco. Y ya está, no hubo nada. Nada. Todavía recuerdo la camiseta imperio que llevaba aquel día, la desenvoltura con que disfrazaba su desaliño...recuerdo que pensé: ¿Pero como me puede gustar un tío así?
-En todo caso, él tenía su harén, no necesitaba para nada tirarse a Mari Mar. Además, fué una escena patética. Yo, entrando en la que siempre había sido mi casa, oigo risas que salen de la habitación de Q. Risas de ellos dos, se entiende. Reaccioné como una niña histérica: había acumulado demasiada ira y fustración durante todos aquellos años.
-¿Porqué después sencillamente no le explicaste porqué te cabreabas?
-Me intimidaba su presencia, su aparente dominio de la situación y su ingenio, su arma más temible. Ya lo conoces, puede darle la vuelta a la realidad y convencerte de que el sol sale por la noche. Conmigo le funcionó durante años. Con otros no creo que deje de funcionarle nunca. Así que cometí algunos errores de cálculo, supongo que quería llamar la atención, hacerle ver por otros medios lo que no sabía o no me atrevía a decirle a la cara.
Al pensar en ello, siento asco del que fui entonces, de mi cobardía... Ahora veo que mi actitud podía ser absolutamente irritante y entiendo que para él tampoco fue fácil.
-Hombre, no lo dirás por lo que le costaba conseguir mujeres. Bueno pero, ¿qué hiciste...?
-Rompí algunas puertas a patadas y me dediqué a pintar los ojos de algunas fotos donde aparecia toda “la claque”.
-¿Qué?
-Bueno, no me siento orgulloso, precisamente, pero ¡era mi casa, coño!
-¡No me lo puedo creer!
-Oye, no te irás a reir...Ya sé que fué una estupidez, cada vez que pienso en ello me siento fatal...fuí al psicólogo después de todo aquello...
-¡Ja, ja, ja! ¡Tonto! No eras tú quien tenía que ir al psicólogo...Oh, bueno, no solo tu.
-Para lo que me sirvió. En realidad fui muy poco tiempo. Recuerdo que Q consiguió convertir el episodio de las fotografías en la prueba que necesitaba para confirmar que yo estaba loco y que era el malo de la película. Cada dos por tres me encontraba con alguno de mis excompañeros de estudio que, o bien me recriminaban o se compadecían. Fué...una mierda, todo aquello fue una gran mierda. Q. permaneció en el piso durante un año. Todos le habíamos pagado por adelantado nuestra parte del alquiler (imagínate, yo pagando por estar en mi propia casa). Q, sencillamente se pulió todo el dinero y no le pagó a mi padre durante un año. Mis padres estaban histéricos, finalmente se largó del piso y tras ver la ruina en que lo había convertido, decidieron (en mala hora) malvenderlo.
Yo, a todo eso, hacía tiempo que había encontrado un pequeño estudio en el Poble Sec. Era mi refugio, el lugar donde tuve suficiente paz como para reflexionar y darme cuenta que la solución no estaba fuera, sino dentro de mí. Lástima que escogí el camino equivocado para encontrar mi propia fuerza.
-Eso sí que fue una tontería.
-Dejé de comer, sí, primero sólo verduras, luego, al ver que la gente comenzaba a notar el cambio, comencé de verdad a obsesionarme.
-Y, casi la diñas...
-Yo quería... yo sólo quería ser una sombra..."
4 comentarios:
Ese dibujo a lápiz de arriba promete, promete mucho.
Un saludo
PS: Ando fatal de tiempo como para leerte, sorry.
Pues leer esto quema toxinas y estimula el hipotálamo.
Tremendo comic podría salir de ésto...
Qué odioso el Q... ¿puedo pegarle?
No se si será tremendo Bruce, pero pienso dibujarlo, a partir de Octubre.
:))
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