Quien tiene un amigo...(4)

miércoles 23 de abril de 2008

 

Ficción, ficción, todo es ficción y nada más que ficción.



"-“El gordo”, y no el de Navidad.

-El gordo, si, así te llamaban. En Blanes, aquel fin de semana en la casa de mi familia, no hacían más que hablar de que vendría “el gordo”, y cuando finalmente viniste preguntamos...bien ¿dónde está el gordo?

-Q se cebaba. Sabía que me molestaba, fuese o no cierto. Hacía dibujos, ¿sabes? Él se reía mucho con ellos, todos se reían mucho. Y yo debía reírme también, debía demostrar mis tragaderas. Pero no creas que era solo conmigo: trabajar en aquel estudio era vivir en medio de un fuego cruzado. Yo nunca quise o pude entrar del todo en el combate y casi siempre recibía las balas perdidas, además de las que me dirigían de forma directa. Siempre con ingenio, eso sí. Era el juego en aquel lugar: yo te clavo un machete en el cráneo y si tú no te ríes es que no sabes aguantar una broma y eres un tío raro, un puto maricón. Para ser hombre debías dejar bien a las claras lo hijodeputa que eras.

-Los tíos sois gilipollas. Aunque las mujeres tenemos nuestra propia jungla, también.

-Sí, pero los más machos del lugar, los machos-alfa que se golpeaban el tórax y conseguían todas las hembras allí...

-Veo que has estado mirando documentales de animales otra vez...

-Ja. Bueno, esos machos peludos, en ocasiones, tenían hábitos de lo más contradictorios...

-¿?

-Es igual, no tengo ganas de hablar de ello ahora...En fin, finalmente, tras el cambio de estudio y el apocalipsis final con lo de Mari Mar, el gordo desapareció del mapa. Bueno, al menos no para todo el mundo.



Siempre me he encontrado cómodo rodeado de mujeres. Criaturas que rigen su vida a través de enigmáticos procesos mentales, constituyeron en su momento un bálsamo contra la rudeza extrema, la competitividad enloquecida y la estupidez disfrazada de bohemia que había vivido en aquel estudio, con aquella compañía.

La dulzura de sus facciones, la musicalidad de la voz femenina, eran una vuelta a la seguridad de la madre, indudablemente. Me gustaba verlas, una vez sólo en mi propio estudio aunque tan solo fuera para charlar, oír música. Me gustaba oírlas reír. Me gustaba ver sus cuerpos, oler sus fragancias, sentir sus movimientos...Todo era tan diferente.

Y me gustaba, particularmente, una de ellas, N. Sentada a mi lado, explicándome sus propios problemas...mientras yo sólo podía pensar en acariciar su cuello, besarle la nuca...coger sus pechos... ¡Demonios! Recuerdo haber visto una escena parecida en alguna película.
Pero el mismo enigmático mecanismo que hace fascinantes a las mujeres puede ocasionar auténticos desastres.


-A veces me pregunto, N, en que coño estaríais pensando cuando tomásteis la decisión de volver a reunirnos a Q y a mí, como si fuéramos una banda de rock de los 70. ¿Debíamos dar conciertos, quizás?

-Entonces nos pareció una buena idea. Entiéndelo, todavía no conocíamos bien a Q. Ya sabes, era tan encantador.

-De aquella fiesta-trampa sólo recuerdo sus primeras palabras al verme: “¡Hombre, J, ya no te podré volver a llamar gordo nunca más!”, acompañadas de esa sonrisa que le convertía los ojos en ranuras. Ya ves, N, todo el infierno que yo había pasado tenía finalmente su recompensa ¡Q ya no me iba a llamar gordo nunca más! ¡Que poco sabía yo todo lo que me esperaba a partir de ese momento!

-Pero, escucha...J ¿Porqué has dicho que querías ser una sombra? No me habías hablado nunca de eso.

-Verás, yo trabajaba, comenzaba a tener algún éxito, pero me sentía solo fuera del estudio. Era como una droga dura: en ocasiones divertido, excitante, nunca sabías muy bien que pasaría entre aquellas cuatro paredes, aunque algo te decía que ibas a recibir en algún momento. Iba y venía gente, nos reíamos, bebíamos...trabajábamos...Hubo buenos momentos, pero finalmente todo se fué a la mierda, la relación se estropeó, yo no supe manejar la situación ni mi carácter e hicimos lo peor que se puede hacer en esos casos, ninguno le dijo al otro: ¡vete!, o ¡me marcho!

Con el tiempo, incluso, Q resumió su relación de amistad y todo lo que me había llegado a hacer con una frase escrita en algún lugar: "A J. que rompió parte del mobiliario". Así se resume una supuesta amistad, sí señor, con un par.

-¿Se refería a lo de las puertas?

-Eh...no, destrocé en un ataque de nervios un sillón que yo mismo había subido al estudio. Bueno, en este caso también el sillón era mío así que...

-¡Hijo, es que eres raro de cojones! Aunque supongo que por eso me gustas. Pero imagino que todo el mundo tendría noticia de tus actos a través de él.

-Si, claro. Era lo que le faltaba a mi imagen pública ya entonces. Nadie me preguntó nunca cómo me sentía o porqué lo hacía. Ello hubiera sido demostrar humanidad y sensibilidad...¡Que cosa tan poco viril, por Dios! La palabra mobbing aún no se había inventado, ¡pero yo hacía tiempo que la estaba viviendo!
Y las pullas, el aislamiento, se intensificaron. Q, mucho mejor relaciones públicas que yo, tenía su panda de aduladores dispuestos a dejarse fustigar sin piedad a cambio de algún comentario gracioso o aparentemente profundo. Y así, como un matrimonio amargado, pero sin valor para separarse, continuamos compartiendo espacio.

Entonces yo comenzé tener sueños recurrentes. Era en el momento peor de mi estancia en aquel estudio. En el sueño había un lugar lleno de gente, de todos aquellos que compartían mi vida. Había una puerta que daba a una habitación y yo entraba en ella. Cuando salía, era otra persona: delgado, atractivo...Todos se admiraban y venían a mi encuentro. Entonces yo les daba la espalda y volvía a entrar. Ellos entraban también y me buscaban, pero ya no estaba allí. Sólo había una sombra humana moviéndose silenciosamente por las paredes que terminaba por desvanecerse. Fin del sueño.

Finalmente, con el tiempo, casi consigo complirlo.

-¿Que quieres decir?

-Lo peor de la anorexia es que hay un momento, antes de convertirte en un esqueleto animado, en que la gente te anima y te felicita. ¡Ya no eres un gordo, ahora eres de los nuestros! Parecen decirte... De repente eres atractivo. Esa primera parte del sueño se cumplió. Luego vino la otra parte.

-Que también casi se cumplió...


N y yo nos fundimos en un abrazo...creo que lloré. Un poco después N. se fué al trabajo y yo me preparé para el desayuno con Q.


-Que le dijo ¿qué?"


2 comentarios:

Bruce dijo...

Ésto:
"¡Hijo, es que eres raro de cojones! Aunque supongo que por eso me gustas."

me recuerda a esto:

"Ven conmigo Klaus, ¡Jesús que chalaíto que estás! Yo te cuidaré.."
(999)

J. M. Beroy dijo...

Jo...no me había dado cuenta.