Final de mi relato de ficción. Éste es el cuento base, no está bien rematado y es muy imperfecto, es un copión, por así decirlo. Lo he escrito tal como me venía, sin pensar ni estructurar. Ahora es tiempo de dejarlo reposar, luego retocaré y escribiré el guión técnico con los diálogos. Y luego el storyboard. Pero ha sido una buena terapia ficticia.
"Ahora recuerdo que en ocasiones y no sé si motivadas por el hambre, tenía ensoñaciones recurrentes (me resisto a llamarlas alucinaciones). En ellas un gigantesco gusano de formas repulsivas, cuya inmunda superficie gelatinosa estaba cubierta de grandes venas palpitantes se autoenvolvía en un caparazón. Dentro de la vaina tenía lugar una transformación insólita y al abrirse finalmente el caparazón, de su interior emergía un ser semitransparente, un ser de prístina pureza, sin mácula de los repulsivos humores y fluídos corporales que yo tanto odiaba. Un ser sin grasa, sin carne ni huesos, un ser espiritual...En un estallido final de pura alegría, de puro éxtasis, el ser transparente desaparecía en el cielo azul...
Tal era la naturaleza de la bestia que se había apoderado de mi.
Con el tiempo y la lectura he sabido que algunos psicólogos relacionan ciertos episodios históricos de devoción religiosa extrema con el mismo cuadro de desorden mental que rige la enfermedad de la anorexia nerviosa.
Es posible, es posible...
Muchas veces he oído a mi alrededor comentarios negativos o de incomprensión sobre las mujeres u hombres que sufren anorexia. Una vez superado mi propio problema yo mismo me negaba a creer que en aquel año terrible había sufrido de aquel mal y tendía a menospreciarlo como un episodio más en mi vida, una extravagancia, una mala temporada.
Pero no había sido así.
Tán solo la tardía aparición de ese desequilibrio había impedido una forma crónica de la enfermedad: a esa edad tenía ya suficiente experiencia y amor a la vida en la reserva como para poder dejarme ayudar.
Lectores, no despreciéis jamás a una persona enferma de Anorexia, esa persona está poseída por el más peligroso de los demonios, uno que la consumirá hasta matarla. Esas personas no han escogido su mal, no han escogido matarse de hambre, no son conscientes de lo que están haciendo, no ven la realidad como la percibe el resto de la humanidad. Esas personas han caído en un bucle mortal, en una obsesión autodestructiva. Necesitan ayuda, pero ésta debe ser aceptada y el enfermo, preso de su delirio, inmerso en su fantasía de pureza, de desapego, de desarraigo, de descarnación puede y suele negarse a recibirla, haciendo de su lucha por perder peso, por perder la vida, un objetivo, un fin último y heroico.
Fue cuando entendí que perseguía una falsa quimera que comencé a regresar al mundo de los vivos.
Y N, como un Virgilio a la inversa, me sacó de aquel infierno.
Con estos pensamientos llegué finamente a la cafetería. Q no estaba allí. Ocupé una mesa y esperé, meditando sobre lo que iba a decirle, sobre la actitud que debía tomar. Es cierto que Q tenía sus propios problemas y lo estaba pasando mal. Pero me bastaba recordar sólo una frase para avivar el fuego de la ira, una sóla frase.
-¿Que le dijo qué?
Entonces llegó Q.
Algo en su expresión me puso en guardia, pero por desgracia no lo suficiente como para prevenir lo que iba a pasar entonces.
-¡Hola!
-Hola, J. Tengo que decirte algo, espera, un momento, he estado pensando y tu amistad no compensa los malos ratos que me haces pasar. No has cambiado, J, sigues siendo el mismo egoísta malcriado que hace un tiempo y yo ya no quiero más de esto. No quiero que nos veamos más.
Yo estaba completamente atónito...Sin habla. Lo había vuelto a hacer. En un giro brillante ¡brillante! estaba usando la vieja táctica del ataque preventivo contra mí, el que se consideraba auténtico agraviado por la situación, el vejado, el traicionado, el maltratado. De repente yo era, de nuevo, el malo. Iba a cantarle las cuarenta ¡a pegarle si era necesario! Y ahora me encontraba patéticamente a la defensiva. Sólo acerté a balbucear.
-Pero, pero...¡Hace cuatro días me dabas la razón, me confesabas que me habías manipulado y que me habías hecho daño a propósito! Y ahora...
-Te mentí, todo era mentira. Estoy desquiciado ¿recuerdas tus palabras? Eso me dijiste un día.
Había sido en uno de esos escasos días en que reunía suficiente valor como para decirle lo que me parecía, más que nada por que pensaba que así el reaccionaria y reflexionaría sobre su propia situación. Yo seguía entonces sin ver dónde estaba el problema de llamar a las cosas por su nombre, pero Q estaba en medio de su gran escena y no iba a dejar que nadie se la robara.
Ni siquiera se había sentado. Llevaba algo en las manos que no vi bien hasta que Q, con un golpe seco, teatral, lo dejó caer sobre la mesa.
Era una revista. ¿Una revista?
-Toma, disfruta, para que veas lo que tengo que aguantar cada día. Hasta nunca, J.
Adiós.
Y se marchó.
Con un par, pensé.
También pensé que él había hecho por fin lo que yo debí haber hecho mucho tiempo atrás, y en el fondo de mi corazón, se lo agradecí.
Pero, claro, mi cabreo no disminuyó, solo que ahora estaba enfadado con dos personas: una era Q. la otra era, evidentemente, el imbécil de J.
¿Y la revista?
Se trataba de una revista de crítica donde mencionaban mi trabajo y pasaban por alto el de Q.
Vaya, pensé, Q ha descubierto por fin mi plan para la dominación mundial. Es lógico que esté enfadado.
Terminé mi café, me levanté y regresé al estudio, a continuar con mi vida. Esa noche N volvió a ser la persona comprensiva que ha soportado todas las aristas y todos los problemas que comporta vivir con alguien como yo.
-Pero tú, J...¿Qué problemas tienes?. Has adelgazado y estás guapo, tienes novia, un trabajo que te gusta...En cambio, el pobre Q...él si lo está pasando mal. No te has portado bien con él, yo creo que eres un poco egoísta, J.
A es el paradigma perfecto de algunos de mis amigos de entonces. Era una buena persona. Una persona bienintencionada y encantadora, pero en ese momento me dí perfecta cuenta de que sólo me veía a través de los ojos de Q.
Tantos años de bromas, burlas y comentarios sarcásticos habían hecho huella, finalmente. Habíamos pasado momentos extraordinarios junto a otros amigos y en mi corazón siempre los guardaría como un valioso tesoro, pero aquellas palabras, después de todo lo que había pasado, me destrozaban, me aniquilaban pues demostraban que, en realidad, después de tanto tiempo, los que estaban a mi lado no me conocían en absoluto.Yo era sencillamente aquel tío tan raro amigo de Q. que ahora había cambiado.
-Por cierto, J ¿has vuelto a engordar un poco, verdad?"
4 comentarios:
Buen Final, la moraleja es: Estar solo es una mierda, tener amigos es una mierda, mejor nos compramos un perro.
O un gato :)) De todas formas yo no pensaba en ninguna moraleja para el relato. De hecho, si la que tú dices es la que se sobreentiende, señal de que lo he hecho mal, porque el protagonista rehace su vida y la película, por así decirlo, termina más o menos bien. Trabajaré esto. ¡Tomo nota!
Es una gran historia,por resumirla de alguna manera, como una resurección de Lázaro.
Un desligarse o morir al que el motivo de la anorexia le otorga verosimilitud y un fuerte compromiso entre lo descrito y lo relatado. Creo que esta conexión entre lo exterior y lo interior permitirá trasladar la historia hacia cualquier cauce o temática. Al final el prota parece que dice "Vosotros no sois dioses".
No veo moralina, para expresarlo tontamente bastaría con decir que el prota se ha vuelto sólido. Como si fuera él un insecto que se hace adulto gracias a las picaduras de unos pulgones avariciosos que le ayudaron, sin darse siquiera cuenta ni llegar a percibir jamás su transformación final.
Hay poca gente que nos conozca realmente, y por raro que parezca, los amigos de más tiempo a veces son los que tienen una imagen más distorsionada de nosotros.
Excelsior!
(Si recurres a la auto-edición ya cuentas con un comprador)
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