Ustedes me perdonarán (o no) pero voy a hacerlo de nuevo. Otro relato, sí, lo siento. Esta vez se trata de una ficción que dormía el sueño de los justos en una carpeta (y alguno dirá después, quizás con razón, que podía haber seguido durmiendo) desde, aproximadamente, la época en que dibujé "Ajeno". También es bastante más largo que el anterior de "Quien tiene un amigo..."
Es, huelga decirlo, un boceto de un relato mal escrito que posteriormente debía convertirse en un guión para un álbum nunca realizado ¿Porqué lo posteo? Me hace ilusión compartir estas cosas con ustedes ¿necesito más motivos?.
"Despertó y al ver aquella cara frente a él supo que estaba muerto. Una cara calavérica, cuyas cuencas oculares eran dos pozos negros profundos le miraba sin expresión. Quiso gritar, boqueó como un pez fuera del agua pero su boca no produjo ningún sonido. Quiso moverse, escapar, pero su cuerpo estaba agarrotado, aprisionado por una fuerza inaudita. Veía, pero no reconocía nada de lo que veía.
Un terror frío, cortante como un cuchillo recorrió su espina dorsal, creyó ser arrastrado por una marea de pánico que iba a hundirle en un abismo de locura sin fin donde pasaría el resto de la eternidad chillando sin voz, retorciéndose sin moverse, mirando sin ver. Entonces, como un clímax final de horror, la calavera que había frente a él le habló:
-¿El billete?
Curiosamente el sonido procedía de su espalda.
-Señor, ¿me enseña el billete, por favor?
Poco a poco volvió a la conciencia, abandonando ese mundo aterrador de la duermevela que tantas pesadillas ha inspirado a los seres humanos durante la historia. Con los sentidos alerta, pero desconectados del centro de comandamiento principal del cerebro, puedes ver y oir, pero no puedes interactuar con el mundo que en parte percibes. ¿Dormido o despierto? Ni lo uno ni lo otro.
-¿Se encuentra bien, señor?
La voz a su espalda sonaba maquinal, más que interesada.
Despertó del todo y la calavera le devolvió la mirada: un rostro iluminado cenitalmente y reflejado en el cristal de una ventanilla que parecía una calavera. ¿Su propio cara?
Al girarse en el asiento miró al revisor. En el lugar había mucho ruido y movimiento. El lugar se movía. Parecía de noche.
-Su billete, por favor.
Automáticamente rebuscó en sus bolsillos, dejando para más tarde el análisis de una extraña sensación que comenzaba a apoderarse de él.
Tras una infructuosa búsqueda, el revisor le señaló un papel coloreado que sobresalía de un bolsillo lateral de su chaqueta, confuso, lo sacó y se lo dió al revisor quien tras simular una inspección atenta garabateó algo.
-Llegaremos a Porto en unos 20 minutos.
Asintió, aún entumecido...El revisor se alejó por el pasillo entre las filas de asientos, hasta salir fuera de su campo de visión. Una puerta se abre y el ruido se hace más fuerte. Luego un golpe seco y el ruido vuelve a la normalidad.
Todo se mueve, el vagón se mueve.
A causa de la escasa iluminación no había conseguido ver la cara de aquel hombre, tan solo era consciente de haber visto una silueta oscura a su lado.
Pasó un tiempo mirando alrededor, recobrando el dominio total de su cuerpo, aún recibiendo los ecos de aquella sensación de pánico que había vivido minutos antes, como olas que golpean la playa cada vez con menos fuerza a causa de la marea cambiante.
En los trenes hay lavabos, pensó de pronto. Se levantó con torpeza y con torpeza buscó alguna indicación. La encontró y ya dentro del hediondo recinto se echó agua a la cara. Un icono le advertía que aquella agua no servía para beber. No la bebió. No encontró con que secarse la cara. Agitó las manos para sacudir el exceso de agua y las gotas se estrellaron contra aquellas sucias paredes llenas de graffitis y mensajes probablemente obscenos escritos en un idioma que no entendía. Particularmente un dibujo le llamó la atención entre todos los demás. Lo miró con extrañeza.
Caminó tambaleándose de vuelta al asiento que había ocupado. Hubiera podido escoger cualquiera de los otros ya que parecía ser el único pasajero, pero aquel asiento era algo así como un lugar conocido al que regresar. El vagón vacío estaba lleno de ruido. Traqueteos, chirridos, golpeteos.
El tren iba lanzado a través de la noche a toda velocidad hacia una ciudad llamada Porto. De pie en el pasillo, se agarró al respaldo de un asiento para no caer.
Miró su billete. Destino: Porto.
-Todo encaja- pensó- sé donde voy.
Rondaba la realidad como un gato escaldado rodea un balde de agua caliente. Estaba allí y tarde o temprano debería afrontarla.
De pie, miró su asiento. Un abrigo y una maleta en el portaequipajes situado encima. Debían, sin duda, ser suyos. Rebuscó en los bolsillos, antes de sentarse. Tampoco encontró nada esta vez. ¿Que quería encontrar? Se sentó. Miró afuera, pero la oscuridad hacía que aquella calavera volviera a reflejarse en el cristal. No era una calavera, claro, sino su propia cara. Estudió los rasgos. Se miró las manos. Luego las dejó caer en el asiento y respiró hondo.
-Venga, afróntalo, seas quien seas.
No recordaba absolutamente nada sobre él mismo. En su mente había un espacio en blanco, una “terra incognita” aterradora donde se suponía que debía estar su memoria. Recordaba las cosas necesarias para desenvolverse en el mundo -o eso suponía- pero no tenía idea de quien era, ni porqué estaba allí. Sólo una certeza escrita por una máquina en un papel satinado amarillo: su destino era Porto y unas luces en el exterior le indicaban que estaba a punto de llegar."
3 comentarios:
Muy bueno! Por momentos me ha hecho recordar al uruguayo Mario Levrero en "El Lugar" o "La Ciudad": un protagonista que se encuentra sumido en una situación confusa, casi onírica, llena de detalles nimios a los que el personaje se aferra como un náufrago.
A propósito, ¿qué sería aquel dibujo?
Saludos.
Pues tu comentario me ha dado ganas de leer a este hombre, voy a ver si han editado algo de él por aquí,
¡Un saludo!
Pues si señor, haces bien cuelga todo lo que quieras(aunque siempre te replique la politica xD) ansioso por leer más, y tengo la misma pregunta que patricio bazán.. ¿qué era el dibujo?
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