Juego de Sombras (2)

miércoles 7 de mayo de 2008

 

"Un supuesto observador podría ver la figura de un pasajero parado en medio de un andén solitario. Un hombre y una maleta.

Un observador atento notaría, además, el desconcierto y el miedo en la expresión del solitario viajero y cierto desaliño tanto en su porte como en su atavío: los faldones de su abrigo abierto se agitan con las rachas de viento gélido y húmedo, dejando ver debajo una chaqueta abierta y una camisa arrugada sin corbata, el resto de su vestimenta termina de describir a una persona de una cierta elegancia, pero hay algo en todo el conjunto que resulta impostado, como si el ser que hay dentro del traje no fuera en realidad su dueño sino tan solo un arrendatario que está de paso y que en cualquier momento va a desaparecer dejando tras de si un montón de ropa desparramada sobre el suelo.

Nuestro observador pensaría que aquel pasajero sufre de algún mal: la lluvia está mojándole cuando tan solo un par de pasos lo situaría bajo la protección de un techo voladizo que cubre parte del andén; pero allí está el pasajero, mirando a las vías en la dirección hacia donde el tren había partido, como esperando que éste regresara a buscarle, como un padre va a coger de la mano al niño díscolo que se queda atrás.

El viento arranca sonidos cadenciosos aquí y allá: un cartel que se balancea, una puerta de sucios cristales que golpea contra el marco de madera carcomida, una lona que se agita como un espectro...

Nuestro imaginario observador apartaría la vista un momento de la patética figura para echar un vistazo alrededor, y podría ver:

-Un andén vacío, oscuro, iluminado puntualmente por faroles de complejo y recargado diseño, en parte oxidados.

-Las paredes exteriores del gran y antiguo edificio de la estación, vestigios de antiguos carteles publicitarios, un gran cartel donde con grafía austera se puede leer “Porto”, un reloj que marca las 03:24, puertas de salida de los andenes (aquí un observador con tendencia a la disgresión podría preguntarse si una puerta en el andén de una estación es una puerta de salida o de entrada ¿es la ciudad más allá de la estación el interior o el exterior? Que más da, en todo caso).

-Al otro lado del andén: vías, edificios bajos y alargados, enigmática maquinaria donde prevalecen ruedas metálicas y formas cuadrangulares, torres de celosía y altos faroles. Todo ello matizado, incierto a causa de la lluvia y una sutil neblina.

-Arriba: un cielo cubierto de nubes bajas forma un techo que refleja las luces de la ciudad, dándole un tono oxidado, entre cobre y rojo.

-Abajo: un suelo compuesto de pequeñas baldosas de un color indefinido pero decididamente oscuro. Los charcos formados por la lluvia en las irregularidades del terreno duplican con meticulosidad invertida todos los elementos presentes.

Satisfecha la curiosidad, el observador inexistente volvería la mirada al anómalo pasajero, a tiempo de ver como una racha de viento más fuerte que las demás levanta con fuerza los faldones de su abrigo casi hasta a la altura de su nuca. El pasajero grita, como si la más horrible de las criaturas le hubiera saltado encima, al tiempo girándose y agitando los brazos en el aire en un torpe intento de protegerse de esa imaginaria agresión. En el proceso, el pasajero tropieza consigo mismo y cae al suelo, levantándose enseguida en una profusión de bufidos y quejas. En pie de nuevo, el pasajero comprende lo que ha sucedido y agradece que no hubiera testimonios de su involuntariamente cómica actuación (¡que poco sabe el pobre hombre!)

El observador, que carece de sentido del humor, ve ahora como el pasajero busca en los bolsillos del abrigo, frenéticamente, como si hasta aquel momento no hubiera reparado en la existencia de aquella prenda y esperase encontrar en ella la piedra filosofal, un billete de lotería premiado o la explicación a la existencia del cosmos. Busca y busca hasta que encuentra algo. Nuestro observador ve como saca de uno de los bolsillos un papel doblado que con manos temblorosas despliega. Una sonrisa esperanzada ilumina el rostro del pasajero cuando lee el papel, y súbitamente parece animado, como si una llave invisible le hubiera dado cuerda. Con gesto vivo, mira alrededor, siendo consciente por primera vez de donde se encuentra. Se dirige a la puerta del andén. Se detiene de pronto y regresa a buscar la maleta que había olvidado. La expresión de su rostro ha vuelto a cambiar. Coge la maleta por las asas y, medio doblado por el esfuerzo, encara de nuevo la puerta de salida ¿o era entrada? Evidentemente la maleta pesa mucho, con la mano libre, el pasajero empuja la puerta acristalada y desaparece de la vista de nuestro observador.

Lentamente, todo vuelve a la rutina que la llegada del tren con su infernal ruido había roto. Un cafarnáum de sonidos y luces había acompañado la entrada del largo convoy del que tan solo se había apeado un viajero reticente a abandonar el tren. El pasajero había quedado quieto viéndolo marchar después, como el condenado en una isla desierta ve partir el barco pirata que lo ha dejado allí para morir. Pero ahora el andén vuelve a estar desierto, la lluvia sigue cayendo con monotonía y continúan los múltiples y cadenciosos sonidos que el viento arranca de los objetos. Las nubes bajas siguen cruzando silenciosas el cielo, como un invertido río de sangre.

Poco a poco, la escena se oscurece, la luz de los faroles se extingue, la lluvia cesa y una niebla oscura se apodera del lugar, sumiéndolo en una oscura quietud. Nuestro hipotético observador ya no tiene nada que observar, todo es negro, vacío.

Aburrido, sin objetivo, sin motivo para continuar allí, también el observador inexistente desaparece."

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La Pagina 1 de Vorkosigan saga es impresionante! Ya tengo muchas ganas de ver este trabajo tuyo. Por cierto, sabes si existe la posibilidad de que te reediten Dr Mabuse o alguno de tus clásicos?, tengo todos los CIMOCS perdidos por ahí y me gustaría tener tus histórias completas. A ver si nos vemos y nos tomamos una birras.

Un abrazo

Carles Esquembre

J. M. Beroy dijo...

Voy enseñando fragmentos de la página 1 y me temo que el conjunto no es tan impresionante como las partes. Los guionistas franceses son muy buenos, pero tienen la costumbre de cargar de viñetas cada página, incluso una primera página que suele usarse para "enganchar" al lector. Pues bien, sólo la primera página tiene 7 viñetas, con lo que todo queda reducido. De todas formas tengo mucha ilusión en el resultado final del álbum. Respecto a las reediciones...Esperemos que Vorkosigan interese a algún editor español, se publique en España y quizás entonces me sea más sencillo republicar cosas antiguas. En este momento no hay demasiado interés en las editoriales con las que he contactado. En todo caso, mi idea sigue siendo colorear algunas historias cortas en mis escasos ratos libres, para buscar editor más facilmente y en todo caso, si no hay más remedio, autoeditarme via internet mis viejas obras.
Un abrazo.