Otra de decisiones...

viernes 16 de mayo de 2008






Zoser fué el segundo faraón de la tercera dinastía y a él y a su visir Imhotep se le debe la construcción de la pirámide escalonada de Saqqara, la primera en Egipto. Yo le puse ese nombre -con evidente intención alegórica- a una historieta corta en blanco y negro muy antigua que apareció, si no recuerdo mal, en un especial de la revista CIMOC. Ahora la estoy reconvirtiendo en una historia de unas 10 páginas a color. ¿Porqué? Pues...¡Y yo que sé! ¡Soy así de raro!
Bueno, o tal vez sí. Yo sabía que quería decir algo, pero 4 páginas se me hacían cortas ya entonces.
He descubierto un lápiz descartado de una de las viñetas y aquí lo tienen, como curiosidad.

Battiato

jueves 15 de mayo de 2008



Dedicado a Juan Manuel Piñuel.

Igor Mitoraj

Descubrí la obra de Igor Mitoraj en Milán, en el Castello Sforcesco, hace muchos años. Me impactaron sus esculturas truncadas. Fragmentos de una colosal y quimérica obra antigua y perdida que se forma en la mente del observador. En un lugar como Italia nos pareció algo natural que estuvieran allí.



Quise hacer algo sobre ello, sobre el impacto que me causó la visión de aquellos gigantes rotos. Al final, sólo un boceto.

Juego de Sombras (5)

miércoles 14 de mayo de 2008

Un tipo sin memoria va a parar a una extraña ciudad. Lleva una maleta que no puede abrir y un papel con una dirección. Ha visto un dibujo extraño en los lavabos del tren y ha visto a una mujer que conoce sin saber quién es. ¡Ah! Y el fado no se aplaude, sino que se llora.
Sigo con la publicación de este boceto de historia que tenía por algún lugar de mis discos duros (bueno, ésto estaba en un diskette) y que pretendía dibujar después de Ajeno.



"Los golpes, al tiempo que los insultos, caen sobre él de todas direcciones. Uno le han agarrado por las solapas del abrigo y otro por el brazo izquierdo, alguien detrás de él le grita algo que no entiende. El que le sujetaba las solapas comienza a darle empujones en el pecho. Alguien patea su pierna izquierda. El de los empujones decide cambiar de táctica: lanza un puñetazo al estómago de X que le impulsa a doblarse sobre sí mismo, y a boquear buscando aire. Un golpe en un hombro, luego un dolor agudo en el lado derecho de la cara seguido de un pitido en el oído...Se siente entumecido, como si la cosa no fuera con él, extrañamente no siente apenas dolor, pero está muerto de miedo y una vocecilla interior le advierte que será mejor que intente salir de allí antes de que el dueño del bar llegue hasta donde está, porque entonces aún será peor. Milagrosamente, todavía lleva agarrada la maleta. En un acto desesperado de puro miedo y apelando a todo resto de fuerza que pudiera quedarle, la balancea hacia arriba y la mueve en un amplio círculo hacia la izquierda. El efecto es sorprendente: seguros de lo inofensivo de su presa, los agresores no esperaban este gesto de rebeldía. La maleta, de puro pesada y movida por el potente resorte del miedo resulta un arma efectiva: el del puñetazo en el estómago recibe la peor parte ya que, preparándose para dar un golpe más certero, había retrocedido un tanto, dejando espacio libre para que el brazo de X efectuara la maniobra. La maleta golpea primero en su mentón, echando hacia atrás su cabeza. Un feo sonido de dientes entrechocando inmoviliza por un segundo a los otros. La maleta sigue moviéndose, ya por pura inercia, y termina golpeando en la cabeza y el hombro del individuo que le agarraba por el brazo, para finalmente arrastrar al propio X al suelo. Instintivamente, los demás se detienen, recalculando si su apego al dueño de la taberna merece el riesgo de unos cuantos dientes rotos. Unos gritos enfurecidos hacen que todos giren la cabeza. X no pierde tiempo en ello, ya ha reconocido la voz del tabernero y aprovechando el momento de distracción medio levantándose, medio arrastrándose, medio corriendo, se escapa del grupo. Los agresores, repuestos de la sorpresa, reemprenden la persecución, cuando la sirena de un coche de policía en la distancia frena su renovado ímpetu. El dueño del bar, llegado finalmente al lugar de la pelea, descarga su furia pateando un poste metálico que sirve de peana a una señal de tráfico. El poste se tambalea.


X corre, con todo el dolor aún atemperado por la adrenalina que circula enloquecida por su sistema linfático. Corre desesperadamente, sin importar si la maleta pesa como un muerto, sin importar que sigue sin saber nada sobre sí mismo o el lugar adonde ha ido a parar. Zigzaguea por callejones oscuros, sabiendo que es inútil pararse a explicar a aquellos individuos que hablan un idioma que no entiende porqué salió del bar tan deprisa. Ellos deben creer que pretendía salir sin pagar la cuenta. Bueno, cierto, el resultado había sido ése, pero no era esa la intención. Lo que X quería a toda costa era parar al borracho, al borracho de los ojillos rojos, al borracho que llevaba un cuchillo enorme y brillante bajo el abrigo harapiento.

Aún recuerda ese brillo cuando, sonriendo con picardía y guiñándole un ojo, el borracho abrió lo justo su abrigo (o lo que fuera) para mostrarle el arma. El filo del enorme cuchillo captó la tenue luz de una lámpara y aún esto bastó para que un fulgor como un arco voltaico recorriera toda su extensión. Fué un momento extraño, aquel objeto potencialmente mortal, por contraste con la oscura y sucia vestimenta de su dueño, parecía hermoso.


Así que X corre para detener al borracho, sin pensar muy bien porqué lo está haciendo, sin darse cuenta del peligro que corre...

Lo hace por ella, claro.

No muy alta, delgada.

Rostro alargado, grandes ojos oscuros, labios finos.

Cabello lacio negro.

Cuello largo, esbelto (¡que poca atención se le presta a veces al cuello femenino, en contraste con otras zonas de su cuerpo!, y en cambio ¡hay tanta sensualidad concentrada en los hombros y la nuca de una mujer!)

Pechos menudos, nalgas firmes, piernas preciosas...

La conoce, si puede estar seguro de algo es de eso, pero no puede recordar nada más.


Ella lo había mirado con curiosidad, luego del episodio del fado y las lágrimas del borracho, pero pronto su atención se vió distraída por la irrupción de un hombre que la cogió del talle y la besó... Extrañamente, aquel hombre también le resultaba conocido. Entonces sintió una mano sobre su hombro, al tiempo que una vaharada de nauseabundo olor asaltó su olfato. El borracho volvía a estar a su lado ¡y trataba de compadrear con él! Con su mano sarmentosa señaló a la pareja y, acercándose más a X, dijo algo. Luego se separó.

X no estaba seguro de lo que había dicho, pero si del tono que había empleado. La voz del borracho, lejos de ser la misma voz que le había afeado a X el aplauso a la canción de la mujer, pareció adquirir entonces un matiz severo, siniestro...Aún manteniendo su repugnante cualidad gangosa.

X siguió mirando a la pareja, que abandonaba el local. Al pasar junto a él, noto el perfume de la mujer... Ella se giró por un momento para mirarle y luego la puerta se cerró tras de la pareja. Fué entonces cuando el borracho le guiñó el ojo y le mostró el cuchillo. Y luego el gesto con el dedo pulgar rodeando el cuello. Y luego, el borracho abrió la puerta de salida y se fué.

X tardó en reaccionar...¿Qué hacer? Allí no le entendería nadie...¡Pero estaba claro lo que iba a suceder, si alguien no hacía algo!. De forma que salió a toda prisa por la puerta del bar cargando con la maleta. A su espalda el tabernero, que hacía un rato que no le perdía de vista, comenzó a gritar. Algunos fieles clientes salieron a la calle en busca de aquel tipo que se estaba largando sin pagar.

X entendió que tenía que correr rápido, para alcanzar al borracho y para huír de sus propios perseguidores: no valía volver atrás y abonar el precio de la consumición ya que, ahora caía en la cuenta, no había encontrado ninguna cartera, ningún dinero en ningún lugar de su ropa.

Finalmente lo cazaron y comenzaron a propinarle golpes.


La maleta lo había salvado un buen rato atrás, pero su peso enorme finalmente le vence. Debe dejar de caminar, ya nadie lo persigue y él no tiene más posibilidad que el azar para encontrar al borracho.


Exhausto, se deja caer en la acera... Mira alrededor. Es una zona llena de vetustos edificios que parecen almacenes.

Al parecer su loca carrera le ha llevado casi a las afueras de la ciudad. Sus jadeos suenan en la noche como disparos de artillería. Está sudando, y el dolor comienza a hacerse muy presente. Siente un lado de la cara entumecido e inflado y dolores agudos comienzan a extenderse por todas partes de su cuerpo. Algo parecido a la desesperación comienza a angustiarle...Su cuerpo reacciona finalmente con violentas arcadas, pero sólo vomita un amargo líquido, mezcla de bilis y cerveza, que le inunda la boca de un sabor repulsivo.

Entonces oye el grito.

En realidad, lo estaba esperando, pero algo en aquel sonido hace que X sienta un escalofrío. El grito, casi un aullido animal, es prolongado, inacabable. Y más parece un grito de miedo que de terror.

Alguna luz se enciende en los edificios, X corre hacia donde cree que procede el infernal sonido que resuena con ecos espantosos entre las casas.

Al girar una esquina ve algo que no entiende.


Una tétrica oscuridad casi matérica. Un agujero negro en la negrura. La nada. Y, desde dentro de ese pozo sin fondo, el aullido de alguien que parece alejarse, hasta que finalmente desaparece.

Justo en el borde de esa oscuridad, algo en el suelo capta una luz procedente del otro extremo de la calle. Es algo alargado y metálico que brilla por un momento.

El cuchillo del borracho. Y no sólo eso: la voz que gritaba era, sin duda, la del borracho.


La luz del otro extremo de la calle se ha hecho más intensa. El ruido del motor de un coche se hace presente y finalmente se para a la espalda de X. Éste, como en trance, finalmente se vuelve para mirar. Los ocupantes han abierto las puertas del automóvil y dos figuras a las que no puede ver bien a causa del cegador destello de los faros del coche le gritan algo.

Instintivamente levanta las manos, ya que le parece ver armas en las manos de aquellos hombres."

Chris Cunningham + Aphex Twin

Lo he descubierto hace unos días y sigo en estado de "shock":

¿Cómorrrr?

Recibo esto de la AACE (las negritas son mías):


"La junta de la AACE desea matizar todos los malentendidos, interpretaciones y demás comentarios sobre su comunicado. En ningún momento hemos dudado de la validez de Jaime Vidal como entendido en el mundo del cómic y su vinculación con esta profesión, al igual que no dudamos de su buen criterio en el momento de opinar y votar sobre las obras que se seleccionen. Lo que se ha comentado es que encontramos en falta un autor, como Asociación de Autores de Cómic de España es nuestra obligación demandar que un profesional de este tipo forme parte de un premio tan importante como el Premio Nacional de Cómic. "


¿Malentendidos? ¿Interpretaciones?

Ésto es una parte de lo que difundieron el Viernes (texto íntegro aquí):


"Curiosamente hemos accedido a la página de la Generalitat de Catalunya (www.gencat.cat) donde se notifica la creación de este premio y donde se nombra al jurado de la primera edición con su nombre y actividad y NADIE esta relacionado con el cómic, curiosa manera de evaluar y premiar a profesionales de este medio sin tenerlos en cuenta para su elección."

y más adelante

"...os retamos a encontrar a un solo representante del mundo del cómic."


O sea...Es decir...¿Cómo se puede malentender o interpretar esas frases? ¿Tanto les cuesta reconocer que alguien ha metido la pata en la AACE al redactar el dichoso comunicado? Quizás sólo sea una cuestión semántica, pero esa cuestión semántica nos hizo hervir la sangre a unos cuantos este pasado viernes, sin motivo para ello. No dudo de la buena intención de la AACE, pero es que yo no estoy para que me vaya hirviendo nada a estas alturas de la vida, que ya no tengo 20 años.

Parece ser que la AACE ha recibido una respuesta de Berta Sureda, del Departament de Cultura i Mitjans de la Generalitat que termina así:

"De nou el nostre agraïment per la seva disponibilitat, no dubti en fer-nos arribar les propostes i suggeriments que des de la seva representativa associació puguin sorgir."


Bueno, supongo que al final sólo son manías de viejo...


Beà, músico electroacústico emotrónico.

martes 13 de mayo de 2008

Vale, lo siento, ya sé que también lo he posteado en el blog de la Joso, pero es que, verán, tengo un problema. Soy un admirador de la obra del gran autor de cómic Josep Maria Beà y en cuanto me pasaron este enlace donde poder escuchar su música (sí, sí, su música) no perdí ni un minuto en acudir raudo.

Error, error, que gran error, ahora no puedo sacarme de la cabeza uno de los temas que allí se encuentran: Pirano. Hay algo en su obsesivo ritmo, en la cualidad del sonido...Está comenzando a obsesionarme... Los demás me gustan mucho, pero este... es especial: resuena en mi cabeza con insistente monotonía... Lo oigo despierto y sueño con él por la noche... Debo hacer algo...

Por si alguno no lo ha hecho, visiten el enlace y escuchen... O quizás, quizás mejor no... ¡Demasiado tarde!

Decisiones...

Intento escanear todos mis originales (es un empeño arduo al que no puedo dedicar mucho tiempo) y eso me lleva a enfrentarme a cosas que he dibujado mucho tiempo atrás y en ocasiones me cuesta entender porqué decidí hacer algo de una forma determinada y no de otra. Aquí hay un ejemplo de una página tal como la ví en un primer momento y como finalmente quedó, con el descarte de una escena que no llegué a terminar.

Se trata de una de las historietas que conforman "Zoo, Las aventuras de Tristán Karma".



Botifarra i Mongetes i barretina (Una rectificación)

domingo 11 de mayo de 2008

La AACE ha emitido su comunicado un tanto precipitadamente. Yo, por mi parte, me como las botifarras, las mongetes, me calzo la barretina y por una vez, recupero mi confianza en los poderes políticos de por aquí cerca y pido perdón si alguien se ha cabreado al leer el comunicado a través de este blog.

George Brassens

sábado 10 de mayo de 2008

Que quieren, pienso a menudo en esta canción.

Juego de Sombras (4)

"Vamos a llamarle X, a falta de un nombre más adecuado. Él no puede saber (y en realidad no importa) que a partir de ahora para nosotros será el señor X, al menos hasta que él recuerde su propio nombre, cosa que finalmente ocurrirá.

Ocurrirán muchas más cosas, extrañas y terribles, pero no adelantemos acontecimientos.


Por de pronto, X, nuestro viajero sin identidad, sigue caminando por las oscuras y silenciosas calles de Porto en busca de respuestas. Algo caliente que meterse en el cuerpo tampoco iría mal, piensa.

La lluvia que no para de caer le está calando y el viento frío hace que pasar bajo la frugal protección de aleros y balcones sea inútil. Camina por una calle desierta, sin coches aparcados, luces en las ventanas (que son como nichos abiertos esperando recibir a sus futuros ocupantes) o personas trasnochadoras. El único sonido que puede oírse es el de la lluvia cayendo sobre el empedrado y el de sus propios pasos, amén de algún esporádico juramento cuando cambia de brazo la pesada maleta.


Entonces, otro sonido.

Ese sonido activa algo dentro de su pensamiento, es un lamento en la oscuridad, un barco entre la niebla.

Una imagen viene a su mente: un acantilado inmenso. Él observando el interminable océano gris. Un anhelo irresistible e indefinido de vidas no vividas, de amores infinitos, de horizontes inabarcables... Lágrimas en los ojos, el corazón desbocado.

X debe pararse y apoyar su espalda contra la pared de un edificio. ¿Era una visión de un momento de su pasado? Había sentido un tropel de emociones como una multitud entrando en un almacén el primer día de rebajas...Ya más calmado vuelve a oír el sonido que le había provocado aquel recuerdo. Identifica, sin duda alguna, la sirena de un barco.

Asiendo la maleta con energía renovada continúa caminando hasta que la calle desemboca en una plaza, uno de cuyos lados está abierto al mar. La niebla allí es más densa y las luces de los faroles del muelle parecen estar metidas entre algodones. El barco que hace sonar su sirena navegando frente a X es una embarcación pequeña, un objeto aplanado y oscuro que a X le hace pensar en un monstruo marino perdido, quizás una ballena moribunda varada como él mismo, en un lugar desconocido.

Es entonces, cuando el viento arrastra una porción del velo de la niebla, que X ve por primera vez el puente. Una gigantesca estructura de celosía metálica y piedra se eleva hasta una altura que a él le parece, a causa de la distorsión de la niebla, inconcebible. Las luces que perlan el desmesurado arco central del puente terminan de darle un aspecto espectral. En parte grácil, en parte mastodóntico, la visión del puente le corta el aliento por un instante. Y le da una idea más exacta de lo que está viendo: la extensión de agua que tiene delante suyo no es el mar, sino un amplio río, y al otro lado puede ver una miríada de luces, como una constelación desconocida recién inscrita en la cartografía celeste. Casas y edificios singulares se adivinan al otro lado, aparentemente cerca, aparentemente lejos. Basta, en realidad, con cruzar el puente.

Pero todo a su tiempo, piensa X.

Cargando con la valija se dirige a un lugar del muelle de donde proviene una súbita música. ¡Una taberna llena de gente! El ánimo de X mejora por momentos cuando oye por última vez el sonido fantasmal del barco que se aleja y por un momento un retazo de las emociones sentidas con anterioridad vuelven a él. Empuja la puerta y se sumerge en un ambiente tan neblinoso como el de afuera, pero en lugar de aquel olor a humedad y calles sucias, le asalta un terrible olor a tabaco, cerveza y orines. A pesar de esto y de que el aspecto de la humanidad allí presente es más bien inquietante, el calor reinante hace que X se alegre de estar allí.

Nadie parece haber reparado en su llegada. Lo primero es lo primero, piensa, y a pesar del frío que aún siente dentro, pide una cerveza: de pronto ha recordado que es algo que le gusta. Luego preguntará por la dirección que lleva apuntada. ¿Quizás también por un Hospital? Recuperémonos, piensa.

El camarero: un hombre gordo, mal afeitado y que luce un bigote grasiento mal cuidado. Prácticamente calvo, peina hacia adelante sus escasos pelos en un vano intento de arrebatar la victoria final a la calvicie. Apenas ha esbozado un gesto cuando X ha pedido su bebida. Un momento después pone una jarra llena delante de X. Éste entiende que no sería una buena idea pedir una jarra limpia en un lugar como aquel, así que la coge e intenta beber poniendo los labios en algún lugar del vidrio libre de restos. La cerveza está caliente, el sabor es una prolongación de los olores de la sala. Se la toma como una medicina. Deja la jarra en el mostrador y se gira para mirar al lugar donde una mujer está cantando una canción a la que él no había prestado atención hasta aquel momento. Ahora ha comenzado otra, más o menos con el mismo deje y la misma cadencia. No entiende el idioma, pero intuye que es una canción triste. Desde donde está apenas puede ver a la mujer, que está sentada al lado de un guitarrista. La gente que llena el local la mira, los más cercanos guardan silencio, los demás charlan y hacen sonar los vasos. Gente de aspecto tosco, mal vestidos. ¿Trabajadores del puerto? ¿Putas?. Pide otra cerveza. La voz de la mujer es un lamento armónico, bellísimo, la guitarra podría enmudecer y la voz de aquella mujer podría aún emocionar las piedras.

Comienza a sentir el mareo del alcohol. Mira al camarero y una pregunta súbita le asalta: ¿Es real ese hombre? ¿Es real este sitio? ¿Soy yo real? ¿Y si todo esto es un sueño?. Una cucaracha del tamaño de su pulgar recorre el mostrador. X se aparta instintivamente. Todo es demasiado real y al mismo tiempo demasiado extraño. Pero debe tener un final, cuando recobre finalmente la memoria.

La tristísima canción llega inevitablemente a su final y se ha hecho un espontáneo silencio. Algunos asienten con la cabeza.

X aplaude con entusiasmo, vigorizado por el alcohol, pero se para en seco al ver que todas las personas allí presentes han girado sus cabeza y le están mirando con aire de reproche, como si lo hubieran pillado orinando sobre El Cáliz Sagrado.

A él.

De pronto vuelve a sentir miedo. Un hombrecillo patético, borracho, que había estado escuchando la canción recostado en una de las sucias paredes, se mueve hacia X. Ojillos enrojecidos como ranuras hundidos en un cráneo mal recubierto de pellejo. Amplias entradas en la frente, pelo ralo blanco, Una boca distorsionada en un rictus de dolor. Está llorando. Llora como el niño que fué una vez, como el niño que quizás todavía es. Hipando, buscando aire entre suspiros, se acerca tanto a X que éste puede oler su aliento asqueroso, hecho de años de ingestas inidentificables. Se acerca tanto que X podría contar uno por uno los escasos dientes que permanecen más muertos que vivos en la boca de aquel hombre grotesco. Entonces, sollozando, el borracho dice en voz bien alta:

-¡El fado no se aplaude....! - Y gotas de saliva le salpican la cara a X, quien intenta apartarse sin éxito de aquella inclasificable ducha- ¡El fado no se aplaude...El fado SE LLORA!

Y le coge el brazo con una mano sarmentosa, mirándolo con fijeza.

X, aturdido, asiente con la cabeza. Los demás parroquianos, satisfechos con la lección de folklore local dada al extraño, vuelven a sus bebidas y a sus charlas. El hombrecillo suelta su brazo y, amistosamente, le da unos golpecitos en el hombro, tras de lo cual vuelve a su pared.

A X le tiemblan aún las piernas.

La mujer que cantaba se ha puesto de pie y le está mirando.

X la puede ver bien por primera vez desde que entró en aquel lugar y el corazón le da un vuelco.

La conoce, sabe que la conoce. Una parte de su mente grita que lo sabe todo sobre aquella mujer, que ha hablado con ella, que incluso ha vivido con ella alguna vez. Que ha visto y conoce su cuerpo a la perfección, que la ha deseado y la ha poseído...

Pero no tiene idea de quién es."

Botifarra i mongetes

viernes 9 de mayo de 2008

Recorto y pego del blog de la Joso:

"La AACE (Asociación de Autores de Comic de España) ha escrito en su blog un artículo sobre el recién creado Premio Nacional de Comic en Cataluña que, como es perfectamente lógico, no cuenta en su jurado con nadie a quien se le pueda considerar actualmente relacionado con el mundo del cómic: tenemos un periodista científico, un comisario de exposiciones (este sí estuvo relacionado en el pasado con el mundo del cómic, mira por donde), tenemos una agente literaria, una directora de un teatro, una editora de una web independentista, etc, etc. Todo, insisto, muy lógico y sintomático de cómo funcionan las cosas en este país (quiero decir Catalunya, ojo, no se me confundan). Los de la AACE es que son unos optimistas ¡mira que pensar que hace falta alguien que entienda de comic para dar un premio nacional de cómic! Es que como sois. Por otra parte servidor, que es muy mal pensado, que es incluso muy malvado, ya tiene su favorito para el primer premio. ¡Felicidades con antelación!"

La inmortalidad




Planés es un pequeño pueblo perteneciente al término municipal de Planoles, sito en la comarca catalana del Ripollés a sólo 40 km. de la frontera con Francia. Hace años que nos escapamos allí en cuanto podemos pasar unos días de vacaciones. En Planés existe desde hace mucho tiempo una urbanización donde han proliferado las casas de campo con techo de pizarra a dos aguas y jardines lleno de flores.
Entre todas ellas destaca la parcela de una persona, fallecida hace años que, a lo largo de toda su vida, usó aquel pedazo de tierra como un lugar donde expresar su creatividad, o quien sabe qué... Trabajaba la forja del hierro y dedicó toda su vida a construir un jardín de esculturas de metal en su parcela. Apenas hay una casa, es una especie de cubículo cuadrado, pero todo a su alrededor está sembrado de las más inverosímiles esculturas, formas y decoraciones en hierro, desde lo absolutamente "kitsch" hasta lo casi sublime. Hay esculturas en miniatura dentro de esculturas más grandes, hay alegorías sobre religiosidad, catalanismo, y una mirada muy descreída sobre la raza humana. El vídeo que grabé no le hace justicia, ya que la iluminación aplana la imagen y además el jardín ha sufrido un lento proceso de deterioro desde la muerte de aquel artista desconocido.
Piénsenlo bien, dedicó toda su vida a ello, horas y horas de trabajo. ¿Esperaba recibir alguna compensación? ¿Vivia para realizar aquella idea?¿Murió pensando que había valido la pena?